Supongo que el hecho de que estas hayan sido una de las Navidades más fugaces de mi vida es signo indicativo de que han sido muy especiales. Y es que, ciertamente, me lo he pasado en grande. Han sido atípicas por varios motivos, entre los que se encuentra, por ejemplo, el anhelado hecho de poder reencontrarme después de dos años con un gran amigo, que más que un amigo es un hermano. Otro motivo podría ser también que aunque este año familiares de lejanas tierras no han podido asistir, el tiempo pasado en familia fue igualmente memorable, y tan atípico como ir a una soporífera misa del gallo. Podría considerarse también el hecho de que aun habiéndose tratado de un tiempo fundamentalmente ocioso, hubo tiempo tanto para la reflexión como para conseguir no descuidar del todo lo que me esperaría a la vuelta, dedicando tiempo también a un par de trabajos. Y por supuesto, también existen otros motivos.
Y como era de esperar, terminó el 2007. Suponiendo un año más de vida y experiencia a nuestras espaldas o suponiendo un año menos de vida del resto de años de nuestra vida. Todo depende del cristal con que se mire, como suele decirse.
Pero el nuevo año llegó. No esperó a nadie. Y su llegada fue tan instantánea, rotunda y ridícula como sólo puede serlo el paso de un tic al tac. Es un hecho muy común que la gente se marque ciertos objetivos en el año entrante, dándole así un pequeño voto de confianza y depositando en él ciertas expectativas, intentando evitar esos terribles e insulsos años vacíos. En cuanto a mí, siempre he odiado tener expectativas. Pienso que si no esperas nada, lo malo era predecible y lo bueno toda una sorpresa. Aún así, probablemente lo más parecido que tengo a unos objetivos para este año podrían resumirse en:
- Deshacerme de, al menos, la mitad de asignaturas de las que estoy matriculado. Me daría con un canto en los dientes, ciertamente.
- Salir, como mínimo, una vez de viaje.
- Sacarme el carnet de conducir y dejar de depender de los horarios del transporte público.
- Continuar plasmando hechos en esta pequeña cápsula del tiempo. No tendrá precio releerlo todo dentro de un montón de años.
Será divertido, dentro de aproximadamente un año, ver cuántos de esos objetivos he conseguido cumplir. Pero como aún queda mucho por delante, por lo pronto me voy a dormir.
Oyasumi…