Una de piratas. Capítulo Segundo.
A cada paso que daba Johnan la vegetación se iba haciendo más densa, y si hubiera salido más a menudo de su pueblo, probablemente sabría que aquellos sonidos ambientales tan bonitos y mandíbulas afiladas eran sinónimos.
-Uhmmm…. creo que me he perdido.
Fssst!!
-¡Ayy!! Malditos mosquit…. – Y Johnan se desmayó.
Es muy común en el mundo civilizado pensar que las selvas están siempre habitadas por hombrecillos de extraño aspecto, semidesnudos y que sobreviven a base de excéntricas dietas compuestas por cosas con más patas de las habituales. Y esta selva no iba a ser menos.
Llovía a cántaros, y el incesante goteo que se filtraba a través de las hojas de palmera del techo del cobertizo fue lo que despertó al joven.
-¿Dónde estoy? Ese mosquito debe ser enorme. –Dijo Johnan frotándose el cuello mientras se dirigía al exterior de la choza.
Todos lo miraban mientras murmuraban entre ellos. Y Johnan les devolvía la mirada, estupefacto1.
-¡Ashgdas asdagsd! ¡ ashgdas asdagsd! -Vociferaba un barbudo indígena al tiempo que hacía señas a Johnan para que se acercara a una construcción situada a mano izquierda de la cabaña donde se encontraba. Era notablemente más grande que el resto de chozas de la pequeña aldea, y podía adivinarse que lo que había sentado en medio, en una especie de atril, era una persona2.
-¡Acércate joven extranjero! –Gritó amablemente aquella figura.
-Vaya, no esperaba que hablaras mi idioma –Confesó Johnan al acercarse.
-"Ja ja ja ja", que no te engañe mi aspecto. Verás…
-Johnan
-Verás Johnan… Yo no soy de aquí, nací en una isla del Mar Central llamada Isla del Mar Central. No se si la conoces.
-Oh, sí. Está en el centro.
-Exacto. Pues como te iba diciendo, yo no soy como ellos. "Ja ja ja ja" me llaman Hekh, ¡y creen que soy un dios! "Ja ja ja", pobres ilusos.
-¿Es por el pelo?
-¡Silencio! –gruñó Hekh- Bueno, la verdad es que eso ayudó. Cuando llegué a esta isla era un desgraciado. Mi negocio no andaba bien y se reían de mí.
-¿Es por el pelo?
-El caso es que hace dos años, cuando buscaba un nuevo lugar en los mares con gente más liberal para empezar una nueva vida, hubo una gran tormenta que destrozó y desvió de rumbo mi pequeña embarcación. Así que acabé aquí, casi sin ropa y sin comida.
-Mmmm… yo al menos conservo la ropa.
-Como no tenía otra opción, me adentré en la isla en busca de gente que me ayudara a salir de aquí, pero lo único que encontré fue este poblado.
-¿Y cómo conseguiste ser un dios?
-Ah sí, ahora venía esa parte. Verás, cuando me vieron por primera vez empezaron a gritar Hekh!!! Hekh!!! skjdfhasa adsadhg fd Hekh!!!
-Ehhh….
-Viene a decir algo así como Hekh!!! Hekh!!! Hekh ha bajado de la montaña!!!
-¿De la montaña? –Preguntó Johnan.
-Sí. Al poco de empezar a disfrutar de suculentos manjares y de las mejores mujeres, comencé a interesarme por ese tal Hekh. Resulta que es un dios al que llevan venerando y ofreciendo sacrificios durante siglos. Ruegan para que la montaña no les castigue como antaño hizo, cuando el volcán erupcionó en varias ocasiones.
-¿Y el pelo qué tiene que ver en todo esto? –Preguntó Johnan obsesionado.
-Fíjate en la talla de aquella columna de la derecha-Indicó Hekh.
-Vaya, sales bastante favorecido.
-Ése no soy yo, sino Hekh. ¿Sorprendido?
-El parecido es asombroso.
-Pues sí, al final aquello por lo que huía me ha proporcionado una nueva vida, ¡y mucho mejor de lo que esperaba! "Ja ja ja ja".
-¿y te costó mucho aprender el idioma?
-Llevo aquí cerca de dos años, y cuando no tienes más remedio te sorprendería la facilidad con la que se aprende un idioma. De todas formas tan sólo me defiendo, no es que se pueda mantener una conversación muy extensa y coherente conmigo3.
-Jeje, ya veo. Oye Hekh… ¿sabes la ubicación exacta de esta isla? Es decir… dónde está situada con respecto a otras tierras en las que sus gentes hayan oído hablar alguna vez de moda o papel higiénico.
-Pues si te digo la verdad, no tengo ni idea, "Ja ja ja ja". Todo lo que recuerdo es que partí hacia el sur desde Isla del Mar Central con un rumbo fijo y marcado tanto en mi cabeza como en el mapa. Cuando estalló la tormenta yo estaba echando una cabezadita, y cuando desperté poco más pude hacer que agarrar el timón con fuerza y mantener la estabilidad de la embarcación. Así que esta isla está en alguna parte entre el suroeste, sur y sureste de Isla del Mar Central. Y no la recuerdo reflejada en ningún mapa.
-Genial… –articuló Johnan desanimado.- Supongo que lo mejor que puedo hacer es partir hacia el norte. ¿Podrías ayudarme? ¿Tu gente posee algún tipo de embarcación?
-Oh sí, aguarda un momento joven. ¡Aasfdas yewtrw ajshd asdkl! –ordenó Hekh.
Acto seguido Johnan recibió otro fortuito pinchazo en el cuello.
-Oh, mierd…- y el joven se desmayó.
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1 Se trataba de un pueblo indígena caracterizado por tener dos ojos, dos brazos, dos piernas, y en general todos los rasgos y miembros que podría tener una persona civilizada. Johnan no podía creerlo.
2 Al contrario que el resto de aldeanos, tenía el cuerpo recubierto de pelo y poseía una gran barriga que no trataba de ocultar, manteniendo una pose de orgullo difícil de reproducir. Su cara parecía estar congelada manteniendo una sonrisa blanca y gélida como el hielo.
3 Ya se sabe cómo son los dioses.

Mucho se había dicho y escrito sobre el amor. Muy amenudo de forma equivocada, pues es el sentimiento más fácil de disfrazar. Pero él era de los que pensaban que era inconfundible. Lo había sentido, y fue tan verdadero, puro y poderoso como para no ser diluido por el paso del tiempo, que todo destruye.
Pero nada es infinito, y así como un día llegó ella partió. Desde entonces él llevó su huella allá donde fue. Una huella que era pequeña y visible, y otra mucho mayor e invisible.

Todo camino tiene un comienzo. Toda escalera un primer escalón. Y uno tras otro, con paso ininterrumpido, firme e interminable subió cada uno de ellos. Cuando finalmente parecía haber llegado al final, resulta que era sólo el principio…
Una de piratas. Capítulo Primero.
Prólogo.
He aquí que comencé a escribir esta historia una aburrida tarde de verano de 2005. Y mi intención es continuarla pese a que en realidad sólo escribí un par de capítulos de ella. El único requisito que pongo al posible lector, a parte del siembre inherente conocimiento de la lectura, es tener en cuenta que cuando haya una palabra acompañada de un superíndice, de la forma ejemplo1, ha de irse al final del post a leer la aclaración correspondiente. No son más que pensamientos y comentarios de un servidor que completan en cierto modo el marco de la historia. Quien haya leído alguna vez al gran Terry Pratchett, no tendrá problema alguno. Y quien no lo haya hecho tampoco.
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Capítulo Primero.
Era un día como otro cualquiera. A decir verdad, era un día tan cualquiera como otro que Johnan había olvidado el sabor de una vida interesante. Llevaba varios días a la deriva, desde que aquel antipático capitán no había sabido encajar una simple broma. Después de todo, ¿a quién no le gustan los chistes sobre ojos de madera, garfios o patas de palo?1
Johann se había embarcado en LeMaurice por la sencilla razón de que ya tenía veinte años, y que aquella piedra flotante hubiera anclado en el puerto en busca de provisiones era la excusa perfecta para abandonar el nido materno, y hacerse un hombre. Bueno, eso y que estaba cansado de las charlas diarias de su padre acerca del negro futuro que le esperaba recogiendo lapas y cangrejos de la playa, y vendiéndolos a turistas en su puesto de madera carcomida por la humedad el resto de sus días. Puede parecer irrisorio que se ganara la vida de dicha forma, pero cuando turistas que no entienden la incompatibilidad estética inherente entre los conceptos "calcetines" y "sandalias" escuchan palabras tales como “típico” o “autóctono”, no pueden evitar el deseo irrefrenable de comprar.
Había conseguido enrolarse en LeMaurice gracias a las vacantes producidas por el temido escorbuto2. Era el nuevo chico de los recados del capitán, y quien fregaba la cubierta del barco.
– Diantres…. dos semanas sirviendo a Sin-Barba para esto — maldijo Johnan. Al menos el trozo de madera que me lanzó a la cabeza me ha servido de apoyo.
Se veía claramente el contorno de una playa a unos 5 kilómetros a nado desde la posición de Johnan.
– ¡Tierra a la vista! Dentro de lo que cabe he tenido suerte, sólo tengo que reunir un poco de fuerzas y nadar hasta aquella playa.
Y una vez dicho esto, quedó inconsciente con la cara ladeada sobre la tabla. Es muy probable que fuera un mecanismo de defensa; estaba tan delgado que colocados a la misma hora del día y uno al lado del otro a modo de comparación, refugiarse bajo la sombra del spaguetti era más seguro.
A vista de pájaro, la isla tenía la misma forma que podría tener un escupitajo estampado fuertemente contra el suelo, y no era mucho mayor que una nuez en la inmensidad del océano.
–¡Aaahh! –Se despertó sobresaltado al notar la inconfundible punzada de dolor que se siente cuando un cangrejo del tamaño de un melón ha cerrado una de sus pinzas con uno de tus dedos entre ellas, ya sea o no por equivocación. ¡Atrás bestia inmunda! –gritó Johnan mientras amenazaba al cangrejo con la vieja tabla de madera–.
–Jejejeje, esta tabla y yo tenemos un gran futuro juntos. Por cierto, ¿dónde demonios estoy?
La playa era preciosa, tenía arena blanca, aguas cristalinas y esas palmeras que desafían las leyes de la gravedad creciendo con un ángulo de inclinación de treinta grados.
–Será mejor que me adentre en la isla y empiece a buscar a alguien que me diga dónde estoy y cómo salir de aquí.
Así pues Johnan cruzó la playa en dirección al centro de la isla…
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1 Que el capitán reuniera todas aquellas cualidades era una mera coincidencia.
2 El escorbuto es una enfermedad muy común en los piratas. Es producida por un déficit de vitamina C, y puede ser mortal. Entre sus síntomas más característicos se encuentra la inflamación de las encías, aflojamiento de dientes, fragmentación y caída del cabello, hemorragias en los músculos de brazos y piernas, mala cicatrización de heridas, y un largo etcétera. No es muy agradable.
