
Todo camino tiene un comienzo. Toda escalera un primer escalón. Y uno tras otro, con paso ininterrumpido, firme e interminable subió cada uno de ellos. Cuando finalmente parecía haber llegado al final, resulta que era sólo el principio…

Todo camino tiene un comienzo. Toda escalera un primer escalón. Y uno tras otro, con paso ininterrumpido, firme e interminable subió cada uno de ellos. Cuando finalmente parecía haber llegado al final, resulta que era sólo el principio…
Una de piratas. Capítulo Primero.
Prólogo.
He aquí que comencé a escribir esta historia una aburrida tarde de verano de 2005. Y mi intención es continuarla pese a que en realidad sólo escribí un par de capítulos de ella. El único requisito que pongo al posible lector, a parte del siembre inherente conocimiento de la lectura, es tener en cuenta que cuando haya una palabra acompañada de un superíndice, de la forma ejemplo1, ha de irse al final del post a leer la aclaración correspondiente. No son más que pensamientos y comentarios de un servidor que completan en cierto modo el marco de la historia. Quien haya leído alguna vez al gran Terry Pratchett, no tendrá problema alguno. Y quien no lo haya hecho tampoco.
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Capítulo Primero.
Era un día como otro cualquiera. A decir verdad, era un día tan cualquiera como otro que Johnan había olvidado el sabor de una vida interesante. Llevaba varios días a la deriva, desde que aquel antipático capitán no había sabido encajar una simple broma. Después de todo, ¿a quién no le gustan los chistes sobre ojos de madera, garfios o patas de palo?1
Johann se había embarcado en LeMaurice por la sencilla razón de que ya tenía veinte años, y que aquella piedra flotante hubiera anclado en el puerto en busca de provisiones era la excusa perfecta para abandonar el nido materno, y hacerse un hombre. Bueno, eso y que estaba cansado de las charlas diarias de su padre acerca del negro futuro que le esperaba recogiendo lapas y cangrejos de la playa, y vendiéndolos a turistas en su puesto de madera carcomida por la humedad el resto de sus días. Puede parecer irrisorio que se ganara la vida de dicha forma, pero cuando turistas que no entienden la incompatibilidad estética inherente entre los conceptos "calcetines" y "sandalias" escuchan palabras tales como “típico” o “autóctono”, no pueden evitar el deseo irrefrenable de comprar.
Había conseguido enrolarse en LeMaurice gracias a las vacantes producidas por el temido escorbuto2. Era el nuevo chico de los recados del capitán, y quien fregaba la cubierta del barco.
– Diantres…. dos semanas sirviendo a Sin-Barba para esto — maldijo Johnan. Al menos el trozo de madera que me lanzó a la cabeza me ha servido de apoyo.
Se veía claramente el contorno de una playa a unos 5 kilómetros a nado desde la posición de Johnan.
– ¡Tierra a la vista! Dentro de lo que cabe he tenido suerte, sólo tengo que reunir un poco de fuerzas y nadar hasta aquella playa.
Y una vez dicho esto, quedó inconsciente con la cara ladeada sobre la tabla. Es muy probable que fuera un mecanismo de defensa; estaba tan delgado que colocados a la misma hora del día y uno al lado del otro a modo de comparación, refugiarse bajo la sombra del spaguetti era más seguro.
A vista de pájaro, la isla tenía la misma forma que podría tener un escupitajo estampado fuertemente contra el suelo, y no era mucho mayor que una nuez en la inmensidad del océano.
–¡Aaahh! –Se despertó sobresaltado al notar la inconfundible punzada de dolor que se siente cuando un cangrejo del tamaño de un melón ha cerrado una de sus pinzas con uno de tus dedos entre ellas, ya sea o no por equivocación. ¡Atrás bestia inmunda! –gritó Johnan mientras amenazaba al cangrejo con la vieja tabla de madera–.
–Jejejeje, esta tabla y yo tenemos un gran futuro juntos. Por cierto, ¿dónde demonios estoy?
La playa era preciosa, tenía arena blanca, aguas cristalinas y esas palmeras que desafían las leyes de la gravedad creciendo con un ángulo de inclinación de treinta grados.
–Será mejor que me adentre en la isla y empiece a buscar a alguien que me diga dónde estoy y cómo salir de aquí.
Así pues Johnan cruzó la playa en dirección al centro de la isla…
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1 Que el capitán reuniera todas aquellas cualidades era una mera coincidencia.
2 El escorbuto es una enfermedad muy común en los piratas. Es producida por un déficit de vitamina C, y puede ser mortal. Entre sus síntomas más característicos se encuentra la inflamación de las encías, aflojamiento de dientes, fragmentación y caída del cabello, hemorragias en los músculos de brazos y piernas, mala cicatrización de heridas, y un largo etcétera. No es muy agradable.

Supongo que el hecho de que estas hayan sido una de las Navidades más fugaces de mi vida es signo indicativo de que han sido muy especiales. Y es que, ciertamente, me lo he pasado en grande. Han sido atípicas por varios motivos, entre los que se encuentra, por ejemplo, el anhelado hecho de poder reencontrarme después de dos años con un gran amigo, que más que un amigo es un hermano. Otro motivo podría ser también que aunque este año familiares de lejanas tierras no han podido asistir, el tiempo pasado en familia fue igualmente memorable, y tan atípico como ir a una soporífera misa del gallo. Podría considerarse también el hecho de que aun habiéndose tratado de un tiempo fundamentalmente ocioso, hubo tiempo tanto para la reflexión como para conseguir no descuidar del todo lo que me esperaría a la vuelta, dedicando tiempo también a un par de trabajos. Y por supuesto, también existen otros motivos.
Y como era de esperar, terminó el 2007. Suponiendo un año más de vida y experiencia a nuestras espaldas o suponiendo un año menos de vida del resto de años de nuestra vida. Todo depende del cristal con que se mire, como suele decirse.
Pero el nuevo año llegó. No esperó a nadie. Y su llegada fue tan instantánea, rotunda y ridícula como sólo puede serlo el paso de un tic al tac. Es un hecho muy común que la gente se marque ciertos objetivos en el año entrante, dándole así un pequeño voto de confianza y depositando en él ciertas expectativas, intentando evitar esos terribles e insulsos años vacíos. En cuanto a mí, siempre he odiado tener expectativas. Pienso que si no esperas nada, lo malo era predecible y lo bueno toda una sorpresa. Aún así, probablemente lo más parecido que tengo a unos objetivos para este año podrían resumirse en:
Será divertido, dentro de aproximadamente un año, ver cuántos de esos objetivos he conseguido cumplir. Pero como aún queda mucho por delante, por lo pronto me voy a dormir.
Oyasumi…